No sabré desatarme los zapatos y dejar que la ciudad me muerda los pies
no me emborracharé bajo los puentes, no cometeré faltas de estilo.
Acepto este destino de camisas planchadas,
llego a tiempo a los cines, cedo mi asiento a las señoras.
El largo desarreglo de los sentidos me va mal. Opto
por el dentífrico y las toallas. Me vacuno.
Mira qué pobre amante, incapaz de meterse en una fuente
para traerte un pescadito rojo
bajo la rabia de gendarmes y niñeras.
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ResponderEliminarCreo es una especie de ironía sobre la relación entre la felicidad y la moral. Quizás me equivoque, pero interpreto que trata de mostrar a una persona tipo que hace lo que debe hacer, pero que es infeliz porque no es capaz de hacer lo que siente.
ResponderEliminarEs la primera vez que lo leo y me hizo reflexionar mucho.
Emilia Restucci